Viernes, 02 de mayo de 2014

Los niños y los adolescentes pueden convertirse en mitómanos cuando tienen una personalidad inestable y sus padres son excesivamente exigentes. Al intentar satisfacer los deseos de sus progenitores y del entorno social, terminan incurriendo en mentiras frecuentes.

El mitómano miente para ganar prestigio, manipular a los demás o hacer daño. Es importante tener en cuenta que no se trata de un trastorno inofensivo, sino que la mitomanía tiene efectos negativos tanto sobre quien la padece como en su entorno.

Quien miente compulsivamente se enfrenta a grandes situaciones de estrés ya que debe sostener toda una urdimbre de irrealidades que terminan condicionando su vida.

El comportamiento de basarse en mentiras se extiende en el tiempo y no consiste en una reacción a un hecho definido sino que se convierte en un rasgo de la personalidad que no siempre parece poder justificarse (un mitómano no sólo miente cuando se siente

acorralado, sino que llega un punto en el que las mentiras cobran más fuerza que la verdad) y el mismo se la cree.

No se deben menospreciar las potenciales consecuencias de la mitomanía, ya que lejos está de ser una simple tendencia a retocar la realidad con historias ficticias; cuando un mitómano pierde el control, no sólo todas sus relaciones fracasan rotundamente, sino que puede incurrir en actos delictivos sin siquiera ser consciente de ello.

Se trata de una programación de nuestras estructuras psicológicas que han grabado en nuestro ordenador cerebral esa información. Para que puedas liberarte de esa información erróneo que te hace creer tus propias mentiras debes desprograma primero la información anterior y colocar otra nueva.


Tambien confunde a las personas y las abstrae de la propia realidad haciéndote creer lo que no es; así y todo, se trata de la misma programación cerebral; todo pasa por nuestro cerebro donde está la información errónea.


Publicado por pasion_de_vivir @ 23:30
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