Jueves, 08 de febrero de 2007


Eran las seis de la ma?ana del 30 de octubre del 1910, cuando Concheta por fin pari? a su tercer hijo, al cual le pondr?an de nombre Miguel, como su padre
Miguel vino al mundo en una casa humilde, donde el padre era un peque?o tratante de ganado y tenia un reba?o de ovejas y cabras que el mismo cuidaba , tambi?n vend?a su leche por las casas de su pueblo alicantino de Orihuela, as? sacaba adelante a la familia, que aquella noche tenia una boca mas que alimentar...despu?s de Miguel naci? Encarnaci?n, y tras ella Concheta, tuvo tres hijas mas que murieron a muy corta edad, cosa que era muy normal en aquellos tiempos de tanta miseria y necesidad

El hermano mayor de Miguel era Vicente de 4 a?os, que pronto aprender?a el oficio del padre, y su hermana Elvira de dos
A los 8 a?os la madre de Miguel lo lleva al colegio del Ave Mar?a, donde aprende a leer y escribir, y en que destaca de entre los compa?eros, y por ello, a los dos a?os le dan una beca de "pobre", la cual le permitir? entrar en el colegio Santo Domingo, donde conocer?a un compa?ero de clase que le gustaba la literatura como a el, y que serian amigos inseparables: Ram?n Sije
Los jesuitas se dieron cuenta de su talento y quisieron costearle una carrera eclesi?stica, a lo cual el padre dijo que no!!

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La familia pasaba por muy mala ?poca, y Miguel tuvo que dejar el colegio y ayudar a su hermano mayor, Vicenterre, a cuidar el ganado y llevar a vender la leche por las casas del pueblo,
parec?a que el destino de Miguel ya estaba escrito !!pero dentro de el ya hab?a una llama que no la podr?a apagar nadie!! mientras cuidaba el ganado, Miguel aprovechaba para leer sus autores favoritos, Gongora y Garcilaso
estas aficiones a la lectura no le gustaban nada a su padre, pero Miguel si iba al patio interior de la casa, y all? se pon?a a escribir sus primeros poemas
Pronto formo parte de una tertulia literaria de su pueblo en la que participa Ram?n Sije, su entra?able amigo
En 1930, Miguel empieza a publicar algunos poemas en el peri?dico El pueblo de Orihuela



En Marzo de 1931 recibe su primer premio en un concurso po?tico celebrado en Elche por su "canto a valencia", esto le anima a ir a Madrid a conocer gente de letras, y sale un reportaje de el en la revista La gaceta literaria, pero Miguel no encuentra el apoyo que espera y se vuelve a su pueblo, donde participa en el homenaje a Gabriel Miro
En Murcia, el 20 enero de 1933, sale de la imprenta el primer libro de Miguel, Perito en lunas.... ese mismo a?o conoce a Josefina Manresa, con la que mas tarde se casara
En marzo de 1934 decide regresar a Madrid, donde trabaja como colaborador de Jos? Mar?a Cossio en "Los toros",se relaciono con poetas como Pablo Neruda, Rafael Alberti, Luis Cernuda y otros en la revista cruz y raya publica su auto sacramental"quien te ha visto y quien te ve", termina de escribir "El torero mas valiente"
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Se afilia al partido comunista, durante la rep?blica participo en misiones pedagogicas que llevar?a cultura a las zonas mas deprimidas de Espa?a
En 1937. Se casa con Josefina Manresa. Participa en el II Congreso Internacional de Intelectuales Antifascistas que se celebra en Valencia
Salen publicados sus libros Viento del Pueblo, Teatro en la guerra y El labrador de m?s aire. Nace su primer hijo, Manuel Ram?n, el 19 de diciembre
1938. Escribe el drama Pastor de la muerte, y el libro El hombre acecha. Muere su hijo el 19 de octubre.
Comienza a escribir Cancionero y Romancero de ausencias. Act?a, como soldado y como poeta, en diversos frentes.

1939. Nace su segundo hijo, Manuel Miguel, el 4 de enero. Al finalizar la guerra es detenido en Rosal de la Frontera (Huelva).
?De all? pasa a las c?rceles de Sevilla y Madrid, donde compone las famosas ?Nanas de la cebolla?.
Puesto, inesperadamente, en libertad, es detenido de nuevo en su pueblo, Orihuela, pasando a los calabozos del Seminario, convertido en Penal.

1940. Es trasladado a Madrid, a la prisi?n de la plaza Conde de Toreno. El 18 de enero es condenado a pena de muerte por haber escrito contra el fascismo, Meses m?s tarde se le cambiar? esta pena por una condena de 30 a?os de prisi?n. En septiembre es trasladado a la Prisi?n de Palencia, y de all? pasa al Reformatorio de Adultos de Oca?a. Sufre bronquitis y otras enfermedades.
1941. Contin?a su calvario de c?rceles. Se le traslada, en junio, al Reformatorio de Adultos de Alicante, su tierra. Su mujer y familiares le visitan, pero la enfermedad se agrava con nuevas reca?das. Se le aprecia tifus y tuberculosis.
1942. El 28 de marzo muere en la enfermer?a de la prisi?n alicantina, siendo enterrado en el cementerio de Nuestra Se?ora del Remedio, de Alicante. Contaba a su muerte, 31 a?os de edad.

La poesia de Miguel es apasionada, casi desgarradora, llana,
incluso no es nesesario que te guste la poesia para que comprendas
lo que quiso expresar Miguel en sus versos
es la antitesis de un poeta romantico y pedante


es la voz del pueblo sencilla y clara
yo lo encontre a los 15 a?os en Perito en lunas


Y no pude resistirme de ir a
su pueblo y sentarme en esa piedra que esta junto a la puerta de su casa, y donde el se sentaba por las tardes a escribir sus poemas!!
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entonces era una casa sencilla del pueblo de Orihuela, y que hoy es la Fundacion Miguel Hernandez
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su propio pueblo tardo mucho en reconocer lo grande que era Miguel Hernandez.... pero lo que es bueno nunca se olvida
y Miguel era el mejor!!!


A Miguel le gustaba el magnifico poeta Garcilaso


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SONETO XXXVII
A la entrada de un valle, en un desierto,
do nadie atravesaba, ni se v?a,
vi que con extra?eza un can hac?a
extremos de dolor con desconcierto;

agora suelta el llanto al cielo abierto,
ora va rastreando por la v?a;
camina, vuelve, para, y todav?a
quedaba desmayado como muerto.


Y fue que se apart? de su presencia
su amo, y no le hallaba; y esto siente;
mirad hasta do llega el mal de ausencia.

Movi?me a compasi?n ver su accidente;
d?jele, lastimado: ?Ten paciencia,
que yo alcanzo raz?n, y estoy ausente



Y se bebia los libros de Gongora
A C?rdoba

?Oh excelso muro, oh torres coronadas
De honor, de majestad, de gallard?a!
?Oh gran r?o, gran rey de Andaluc?a,
De arenas nobles, ya que no doradas!

?Oh f?rtil llano, oh sierras levantadas,
Que privilegia el cielo y dora el d?a!
?Oh siempre glor?osa patria m?a,
Tanto por plumas cuanto por espadas!

Si entre aquellas r?inas y despojos
Que enriquece Genil y Dauro ba?a
Tu memoria no fue alimento m?o,

Nunca merezcan mis ausentes ojos
Ver tu muro, tus torres y tu r?o,
Tu llano y sierra, ?oh patria, oh flor de Espa?a
!


Querido Miguel pongo aqui algunos de tus poemas que me llegaron al alma y que nunca voy a olvidar mientras pueda ver el sol y los trigos

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El ni?o yuntero
Carne de yugo, ha nacido
m?s humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.
Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre esti?rcol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus a?os no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bru?ido,
con una ambici?n de muerte
despedaza un pan re?ido.

Cada nuevo d?a es
m?s ra?z, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como ra?z se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este ni?o hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qu? es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

?Qui?n salvar? a este chiquillo
menor que un grano de avena?
?De d?nde saldr? el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del coraz?n
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido ni?os yunteros
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Andaluces de Ja?n,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ?qui?n,
qui?n levant? los olivos?

No los levant? la nada,
ni el dinero, ni el se?or,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Lev?ntate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alz? una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Ja?n,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ?qui?n
amamant? los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueci? en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepult? en la pobreza,
que os pisote? la frente,
que os redujo la cabeza.

?rboles que vuestro af?n
consagr? al centro del d?a
eran principio de un pan
que s?lo el otro com?a.

?Cu?ntos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Ja?n,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ?de qui?n,
de qui?n son estos olivos?

Ja?n, lev?ntate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.
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Las c?rceles se arrastran por la humedad del mundo,
van por la tenebrosa v?a de los juzgados:
buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen,
lo absorben, se lo tragan.

No se ve, no se escucha la pena de metal,
el sollozo del hierro que atropellan y escupen:
el llanto de la espada puesta sobre los jueces
de cemento fangoso.

All?, bajo la c?rcel, la f?brica del llanto,
el telar de la l?grima que no ha de ser est?ril,
el casco de los odios y de las esperanzas,
fabrican, tejen, hunden.

Cuando est?n las perdices m?s roncas y acopladas,
y el azul amoroso de las fuerzas expansivas,
un hombre hace memoria de la luz, de la tierra,
h?medamente negro.

Se da contra las piedras la libertad, el d?a,
el paso galopante de un hombre, la cabeza,
la boca con espuma, con decisi?n de espuma,
la libertad, un hombre.

Un hombre que cosecha y arroja todo el viento
desde su coraz?n donde crece un plumaje:
un hombre que es el mismo dentro de cada fr?o,
de cada calabozo.

Un hombre que ha so?ado con las aguas del mar,
y destroza sus alas como un rayo amarrado,
y estremece las rejas, y se clava los dientes
en los dientes del trueno.

II
Aqu? no se pelea por un buey desmayado,
sino por un caballo que ve pudrir sus crines,
y siente sus galopes debajo de los cascos
pudrirse airadamente.

Limpiad el salivazo que lleva en la mejilla,
y desencadenad el coraz?n del mundo,
y detened las fauces de las voraces c?rceles
donde el sol retrocede.

La libertad se pudre desplumada en la lengua
de quienes son sus siervos m?s que sus poseedores.
Romped esas cadenas, y las otras que escucho
detr?s de esos esclavos.

Esos que s?lo buscan abandonar su c?rcel,
su rinc?n, su cadena, no la de los dem?s.
Y en cuanto lo consiguen, descienden pluma a pluma,
en mohecen, se arrastran.

Son los encadenados por siempre desde siempre.
Ser libre es una cosa que s?lo un hombre sabe:
s?lo el hombre que advierto dentro de esa mazmorra
como si yo estuviera.

Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.
Ata duro a ese hombre: no le atar?s el alma.
Son muchas llaves, muchos cerrojos, injusticias:
no le atar?s el alma.

Cadenas, s?: cadenas de sangre necesita.
Hierros venenosos, c?lidos, sangu?neos eslabones,
nudos que no rechacen a los nudos siguientes
humanamente atados.

Un hombre aguarda dentro de un pozo sin remedio,
tenso, conmocionado, con la oreja aplicada.
Porque un pueblo ha gritado ?libertad!, vuela el cielo.
Y las c?rceles vuelan.


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Miguel esta en la carcel deseperado por recibir correspondencia de su esposa y le escribe esta sencilla carta de amor desde la carcel

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Carta a Josefina Manresa


Miguel Hern?ndez
Madrid, 12 de septiembre de 1939.


Mi querida Josefina:

Esta semana, como las anteriores, llega martes y no ha llegado tu carta. Tambi?n empiezo a escribir ?sta para que me d? tiempo a echarla despu?s, cuando el correo me traiga la tuya, que no creo que falte hoy. Estos d?as me los he pasado cavilando sobre tu situaci?n, cada d?a m?s dif?cil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aqu?, y mi ni?o se sentir? indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aqu? no hay para m? otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme. Prefiero lo primero y as? no hago m?s que eso, adem?s de lavar y coser con much?sima seriedad y soltura, como si en toda mi vida no hubiera hecho otra cosa. Tambi?n paso mis buenos ratos espulg?ndome, que familia menuda no me falta nunca, y a veces la cr?o robusta y grande como el garbanzo.

Todo se acabar? a fuerza de u?a y paciencia, o ellos, los piojos, acabar?n conmigo. Pero son demasiada poca cosa para m?, tan valiente como siempre, y aunque fueran como elefantes esos bichos que quieren llevarse mi sangre, los har?a desaparecer del mapa de mi cuerpo. ?Pobre cuerpo! Entre sarna, piojos, chinches y toda clase de animales, sin libertad, sin ti, Josefina, y sin ti, Manolillo de mi alma, no sabe a ratos qu? postura tomar, y al fin toma la de la esperanza que no se pierde nunca. As? veo pasar un d?a y otro d?a, esperanzado y deseoso de correr a vuestro lado y meterme en nuestra casa y no saber en mucho tiempo nada del mundo, porque el mundo mejor est? entre tus brazos y los de nuestro hijo.

A?n es posible que vaya para el d?a de mi santo, guapa y paciente Josefina. Aunque yo, la verdad, creo que estos amigos m?os llevan las cosas muy despacio. Han estado de vacaciones fuera de Madrid y han regresado esta semana pasada. No han podido venir a verme porque ahora es imposible para todo el mundo. Es casi seguro que los ver? la semana que viene. Me dec?as en tu anterior que guardara la ropa cuanto pudiera. No te preocupes, que si no tengo ropa cuando salga, con ponerme una mano en el occipucio y otra en el precipicio, arreglado. As? y todo procuro conservarla y uso la m?s vieja y todo son cosidos y descosidos y ventanas por todas partes. El pijama se me ha roto y le he puesto un remiendo que es media camisa, porque se me ve?a toda la parte de atr?s y era una verdadera verg?enza. Por lo que a m? me pasa, me figuro lo que os pasar? a vosotros y como esto siga as?, me veo contigo como Ad?n y Eva en el Para?so.

?Ay, Josefina m?a! No nos queda otro remedio que aguantar todo lo malo que nos viene y nos puede venir, para el d?a que nos toque aguantar lo bueno. ?Verdad que llegar? ese d?a? Yo nunca he dudado de que llegar? y de que seremos m?s felices que hasta aqu? hemos sido. Esta separaci?n nos obliga a respetar a nuestro Manolillo m?s que respetamos al otro. Manolillo del que no dejo de acordarme nunca. Dentro de un mes har? un a?o que se nos muri?. Eso de que el tiempo pasa de prisa, para nadie es m?s verdad hoy como para nosotros y a m? me cuesta trabajo creer que ha pasado un a?o desde que cerr? nuestro primer hijo los ojos m?s hermosos de la tierra.

Dios, a quien t? tanto rezas, har? que el d?a diecinueve de octubre lo pasemos juntos, si no hace que lo pasemos el d?a ventinueve de este mes. No quisiera pasar, ese d?a lejos de ti. Iremos a dar una vuelta al campo y si t? eres decidida, visitaremos la tierra donde nos espera. Tengo ganas de hablar contigo. La otra noche so?? a Manolillo ya con cinco o seis a?os de edad. Cu?dalo mucho, Josefina que crezca fuerte y defendido contra toda enfermedad. Cuando te sea posible come mucha fruta y mucho vegetal, principalmente patatas. Es lo que m?s conviene a tu salud y a la de nuestro sinverg?encilla.

No me dices muchas cosas suyas. Supongo que ya hablar? m?s que un loro. Si supieras que ganas tengo de o?r su voz: se me r?en los huesos s?lo de imaginarla, con que mira lo que me voy a re?r el d?a que la oiga de verdad. Dime el peso que tiene, que no lo has pesado hace mucho tiempo. Estoy enfadado con Manolo y con las Marianas, a ninguno de los cuatro se les ocurre escribirme unas letras. No se acuerdan de m?, que no los olvido. Dime tambi?n algo de la abuela y la t?a, que tampoco me han mandado una sola letra (...).

Bueno. Voy a dejar el l?piz y a esperar tu carta, a ver qu? me trae de bueno. Nada. Hoy no recibo carta tuya. No me gusta que te retrases en escribirme. Vaya plant?n que me he llevado al pie del que vocea el correo. No hay derecho. Espero que me digas algo de nuestra familia de Orihuela, de mi madre especialmente y de la de Pepito. Anteayer he recibido una carta de un amigo de la huerta, Trinitario Ferrer, muy amigo de mi hermano y me dice que se ve con ?l todos los d?as. Di a Vicente que le diga que por ahora no puedo contestarle, pero que me alegra mucho saber de ?l. Voy a terminar mi carta dici?ndote que seas menos perezosa conmigo o de lo contrario no te voy a escribir en un mes. Y nada m?s porque no parezca larga ?sta a la censura y porque hagan todo lo posible para que llegue a tus manos.

Manolillo: adi?s, un beso ?pum! Otro beso ?pum! Otro, otro, otro, ?pum, pum, pum!

Manolo: escribe, dejando a un lado por un rato las barbas y las perezas.

Marianas: a ser buenas y a pelearos una vez a la semana solamente.

Josefina: recibe para ti y para nuestro hijo y para nuestros hijos mayores el cari?o encerrado y empiojado y ... perdido de tu preso

Miguel

?Adi?s!


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Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensi?n de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.
La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,
esencia de las olas.

La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
all? donde el herido palpitante se anega,
y florece y se halla.

Herido estoy, miradme: necesito m?s vidas.
La que contengo es poca cosa para el gran cometido
de sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid qui?n no fue herido.

Mi vida es una herida de juventud dichosa.
?Ay de qui?n no est? herido, de qui?n jam?s se siente
herido por la vida, ni en la vida reposa
herido alegremente!

Si hasta a los hospitales se va con alegr?a,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirug?a
de ensangrentadas puertas.

II
Para la libertad, sangro, lucho, pervivo,
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un ?rbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento m?s corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vac?as amanezcan,
ella pondr? dos piedras de futura mirada
y har? que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Reto?ar?n aladas de savia sin oto?o
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el ?rbol talado, que reto?o:
porque a?n tengo la vida.





EL SOL, LA ROSA Y EL NI?O

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El sol, la rosa y el ni?o
flores de un d?a nacieron.

Los de cada d?a son
soles, flores, ni?os nuevos.

Ma?ana no ser? yo:
otro ser? el verdadero.
Y no ser? m?s all?
de quien quiera su recuerdo.

Flor de un d?a es lo m?s grande
al pie de lo m?s peque?o.

Flor de la luz rel?mpago,
y flor del instante el tiempo.

Entre las flores te fuiste.

Entre las flores me quedo.
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MENOS TU VIENTRE

Menos tu vientre
todo es confuso.

Menos tu vientre
todo es futuro
fugaz, pasado
bald?o, turbio.

Menos tu vientre
todo es oculto,
menos tu vientre
todo inseguro,
todo es postrero
polvo del mundo.

Menos tu vientre
todo es oscuro,
menos tu vientre
claro y profundo
.


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UMBRIO POR LA PENA



Umbrio por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre m?s apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se alla,
siempre a su due?o fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podr? con la pena mi persona
rodeada de penas y de cardos:
?cu?nto penar para morirse uno
!


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Boca que arrastra mi boca.
Boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
p?jaro lleno de p?jaros.
Canci?n que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos tremendos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.

Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los ?ltimos astros.
Astros que tiene tu boca
enmudecido y cerrado,
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus p?rpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejar?n desiertos
ni las calles ni los campos.
? Cu?nta boca ya enterrada,
sin boca, desenterramos!

Bebo en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre m? se ha volcado.

He de volver a besarte,
he de volver. Hundo, caigo
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer m?s claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
Vida, Muerte, Amor. Ah? quedan
escritos sobre tus labios
.




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Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el coraz?n
y me aventan la garganta.
Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de ?guilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los p?ramos de Espa?a.

?Qui?n habl? de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
?Qui?n ha puesto al hurac?n
jam?s ni yugos ni trabas,
ni qui?n al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegr?a
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de rel?mpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las l?grimas;
extreme?os de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, due?os
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la miner?a,
se?ores de la labranza,
hombres que entre las ra?ces,
como ra?ces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que hab?is de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crep?sculo de los bueyes
est? despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las ?guilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detr?s de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agon?a de los bueyes
tiene peque?a la cara,
la del animal var?n
toda la creaci?n agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendr? apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruise?ores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

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RAMON SIJE

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ELEG?A A LA MUERTE DE RAMON SIJ?
(En Orihuela, su pueblo y el m?o
se me ha muerto como del rayo Ram?n Sij?,
con quien tanto quer?a)


Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compa?ero del alma tan temprano.


Alimentando lluvias, caracolas
y ?rganos mi dolor sin instrumentos,
a las desalentadas amapolas
dar? tu coraz?n por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler, me duele hasta el aliento.


Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empuj?n brutal te ha derribado.


No hay extensi?n mas grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento m?s tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi coraz?n a mis asuntos.


Temprano levant? la muerte el vuelo,
temprano madrug? la madrugada,
temprano est?s rodando por el suelo.


No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.


En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedientas de cat?strofes y hambrienta.


Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.


Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.


Y volver?s a mi huerto y a mi higuera
por los altos andamios de las flores
pajarear? tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volver?s al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.


Alegrar?s la sombra de mis cejas
y tu sangre se ir? a cada lado
disputando tu novia y las abejas.


Tu coraz?n ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.


A las aladas almas de las rosas
de almendro de natas te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas
compa?ero del alma, compa?ero.




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NANAS DE LA CEBOLLA



La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus d?as
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi ni?o estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de az?car,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
R?ete, ni?o,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
r?ete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
R?ete tanto
que en el alma al o?rte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
c?rcel me arranca.
Boca que vuela,
coraz?n que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
m?s victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
s?bito el p?rpado,
el vivir como nunca
coloreado.
?Cu?nto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Despert? de ser ni?o.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
R?ete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
reci?n nacido.
?Si yo pudiera,
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes r?es
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
ser?n ma?ana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela ni?o en la doble
luna del pecho.
?l, triste de cebolla.
T?, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre
VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN
.


Imagen

A MI GRAN JOSEFINA ADORADA

Tus cartas son un vino
que me trastorna y son
el ?nico alimento
para mi coraz?n.

Desde que estoy ausente
no s? sino so?ar,
igual que el mar tu cuerpo,
amargo igual que el mar.

Tus cartas apaciento
metido en un rinc?n
y por redil y hierba
les doy mi coraz?n.

Aunque bajo la tierra,
mi amante cuerpo est?,
escribeme, paloma,
que yo te escribir?.

Cuando me falte sangre
con zumo de clavel,
y encima de mis huesos
de amor cuando papel.


Imagen


Yo no quiero m?s luz que tu cuerpoYo no quiero m?s luz que tu cuerpo ante el m?o:
claridad absoluta, transparencia redonda.
Limpidez cuya entra?a, como el fondo del r?o,
con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda.
?Qu? lucientes materias duraderas te han hecho,
coraz?n de alborada, carnaci?n matutina ?
Yo no quiero m?s d?a que el que exhala tu pecho.
Tu sangre es la ma?ana que jam?s se termina.

No hay m?s luz que tu cuerpo, no hay m?s sol: todo ocaso.
Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente.
La otra luz es fantasma, nada m?s, de tu paso.
Tu insondable mirada nunca gira al poniente.

Claridad sin posible declinar. Suma esencia
del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre.
Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia.
Acercando los astros m?s lejanos de lumbre.

Claro cuerpo moreno de calor fecundante.
Hierba negra el origen; hierba negra las sienes.
Trago negro los ojos, la mirada distante.
D?a azul. Noche clara. Sombra clara que vienes.

Yo no quiero m?s luz que tu sombra dorada
donde brotan anillos de una hierba sombr?a.
En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada,
para siempre es de noche: para siempre es de d?a
.


Imagen
CANCI?N ?LTIMA

Pintada, no vac?a
pintada est? mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresar? del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.

Florecer?n los besos
sobre las almohadas.

Y en torno de los cuerpos
elevar? la s?bana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detr?s de la ventana.

Dejadme la esperanza.


Imagen
Dibujo a lapiz de Antonio Buero Vallejo
Dibujo a lapiz de Antonio Buero Vallejo con el que compartiria prision y amistad, el dibujo hecho poco antes de su muerte refleja su mirada limpia franca

Sus ultimas palabras fueron:.
Adi?s, hermanos, camaradas y amigos
Despedidme del sol y de los trigos





100 A?os Miguel Hernandez








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Tags: Miguel Hernandez, poeta del pueblo, voz de justicia, poeta

Publicado por pasion_de_vivir @ 17:51
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Comentarios
Publicado por EL POESIMISTA
Lunes, 23 de marzo de 2009 | 17:34
En
LA SENDA DEL POETA

otro a?o
se abren los caminos

Nos vemos 24 de Marzo en Oorihuela
con las c?maras delante de rostros pol?ticos
y despu?s nos veremos en los caminos
donde Albatera nos acoge con m?sica
y a la Universidad de Elche
llegamos el S?bado 25
para seguir ruta al cementeriuo de Alicante
donde el poeta
se levanta despu?s del polvo
a leer su homenaje al hombre que ya no est?,
sino en la boca del circo
en la arena de sangre,
y en la memoria amiga m?s se le quiere.
Saludos
Chema Rubio