Eran las seis de la mañana del 30 de octubre del 1910, cuando Concheta por fin parió a su tercer hijo, al cual le pondrían de nombre Miguel, como su padre Miguel vino al mundo en una casa humilde, donde el padre era un pequeño tratante de ganado y tenia un rebaño de ovejas y cabras que el mismo cuidaba , también vendía su leche por las casas de su pueblo alicantino de Orihuela, así sacaba adelante a la familia, que aquella noche tenia una boca mas que alimentar...después de Miguel nació Encarnación, y tras ella Concheta, tuvo tres hijas mas que murieron a muy corta edad, cosa que era muy normal en aquellos tiempos de tanta miseria y necesidad
El hermano mayor de Miguel era Vicente de 4 años, que pronto aprendería el oficio del padre, y su hermana Elvira de dos A los 8 años la madre de Miguel lo lleva al colegio del Ave María, donde aprende a leer y escribir, y en que destaca de entre los compañeros, y por ello, a los dos años le dan una beca de "pobre", la cual le permitirá entrar en el colegio Santo Domingo, donde conocería un compañero de clase que le gustaba la literatura como a el, y que serian amigos inseparables: Ramón Sije Los jesuitas se dieron cuenta de su talento y quisieron costearle una carrera eclesiástica, a lo cual el padre dijo que no!!
La familia pasaba por muy mala época, y Miguel tuvo que dejar el colegio y ayudar a su hermano mayor, Vicenterre, a cuidar el ganado y llevar a vender la leche por las casas del pueblo, parecía que el destino de Miguel ya estaba escrito !!pero dentro de el ya había una llama que no la podría apagar nadie!! mientras cuidaba el ganado, Miguel aprovechaba para leer sus autores favoritos, Gongora y Garcilaso estas aficiones a la lectura no le gustaban nada a su padre, pero Miguel si iba al patio interior de la casa, y allí se ponía a escribir sus primeros poemas Pronto formo parte de una tertulia literaria de su pueblo en la que participa Ramón Sije, su entrañable amigo En 1930, Miguel empieza a publicar algunos poemas en el periódico El pueblo de Orihuela
En Marzo de 1931 recibe su primer premio en un concurso poético celebrado en Elche por su "canto a valencia", esto le anima a ir a Madrid a conocer gente de letras, y sale un reportaje de el en la revista La gaceta literaria, pero Miguel no encuentra el apoyo que espera y se vuelve a su pueblo, donde participa en el homenaje a Gabriel Miro En Murcia, el 20 enero de 1933, sale de la imprenta el primer libro de Miguel, Perito en lunas.... ese mismo año conoce a Josefina Manresa, con la que mas tarde se casara En marzo de 1934 decide regresar a Madrid, donde trabaja como colaborador de José María Cossio en "Los toros",se relaciono con poetas como Pablo Neruda, Rafael Alberti, Luis Cernuda y otros en la revista cruz y raya publica su auto sacramental"quien te ha visto y quien te ve", termina de escribir "El torero mas valiente" Se afilia al partido comunista, durante la república participo en misiones pedagogicas que llevaría cultura a las zonas mas deprimidas de España En 1937. Se casa con Josefina Manresa. Participa en el II Congreso Internacional de Intelectuales Antifascistas que se celebra en Valencia Salen publicados sus libros Viento del Pueblo, Teatro en la guerra y El labrador de más aire. Nace su primer hijo, Manuel Ramón, el 19 de diciembre 1938. Escribe el drama Pastor de la muerte, y el libro El hombre acecha. Muere su hijo el 19 de octubre. Comienza a escribir Cancionero y Romancero de ausencias. Actúa, como soldado y como poeta, en diversos frentes.
1939. Nace su segundo hijo, Manuel Miguel, el 4 de enero. Al finalizar la guerra es detenido en Rosal de la Frontera (Huelva). De allí pasa a las cárceles de Sevilla y Madrid, donde compone las famosas «Nanas de la cebolla». Puesto, inesperadamente, en libertad, es detenido de nuevo en su pueblo, Orihuela, pasando a los calabozos del Seminario, convertido en Penal.
1940. Es trasladado a Madrid, a la prisión de la plaza Conde de Toreno. El 18 de enero es condenado a pena de muerte por haber escrito contra el fascismo, Meses más tarde se le cambiará esta pena por una condena de 30 años de prisión. En septiembre es trasladado a la Prisión de Palencia, y de allí pasa al Reformatorio de Adultos de Ocaña. Sufre bronquitis y otras enfermedades. 1941. Continúa su calvario de cárceles. Se le traslada, en junio, al Reformatorio de Adultos de Alicante, su tierra. Su mujer y familiares le visitan, pero la enfermedad se agrava con nuevas recaídas. Se le aprecia tifus y tuberculosis. 1942. El 28 de marzo muere en la enfermería de la prisión alicantina, siendo enterrado en el cementerio de Nuestra Señora del Remedio, de Alicante. Contaba a su muerte, 31 años de edad.
La poesia de Miguel es apasionada, casi desgarradora, llana, incluso no es nesesario que te guste la poesia para que comprendas lo que quiso expresar Miguel en sus versos es la antitesis de un poeta romantico y pedante
es la voz del pueblo sencilla y clara yo lo encontre a los 15 años en Perito en lunas
Y no pude resistirme de ir a su pueblo y sentarme en esa piedra que esta junto a la puerta de su casa, y donde el se sentaba por las tardes a escribir sus poemas!!
entonces era una casa sencilla del pueblo de Orihuela, y que hoy es la Fundacion Miguel Hernandez
su propio pueblo tardo mucho en reconocer lo grande que era Miguel Hernandez.... pero lo que es bueno nunca se olvida y Miguel era el mejor!!!
A Miguel le gustaba el magnifico poeta Garcilaso
SONETO XXXVII
A la entrada de un valle, en un desierto, do nadie atravesaba, ni se vía, vi que con extrañeza un can hacía extremos de dolor con desconcierto;
agora suelta el llanto al cielo abierto, ora va rastreando por la vía; camina, vuelve, para, y todavía quedaba desmayado como muerto.
Y fue que se apartó de su presencia su amo, y no le hallaba; y esto siente; mirad hasta do llega el mal de ausencia.
Movióme a compasión ver su accidente; díjele, lastimado: «Ten paciencia, que yo alcanzo razón, y estoy ausente
Y se bebia los libros de Gongora
A Córdoba
¡Oh excelso muro, oh torres coronadas De honor, de majestad, de gallardía! ¡Oh gran río, gran rey de Andalucía, De arenas nobles, ya que no doradas!
¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas, Que privilegia el cielo y dora el día! ¡Oh siempre glorïosa patria mía, Tanto por plumas cuanto por espadas!
Si entre aquellas rüinas y despojos Que enriquece Genil y Dauro baña Tu memoria no fue alimento mío,
Nunca merezcan mis ausentes ojos Ver tu muro, tus torres y tu río, Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!
Querido Miguel pongo aqui algunos de tus poemas que me llegaron al alma y que nunca voy a olvidar mientras pueda ver el sol y los trigos
El niño yuntero Carne de yugo, ha nacido más humillado que bello, con el cuello perseguido por el yugo para el cuello. Nace, como la herramienta, a los golpes destinado, de una tierra descontenta y un insatisfecho arado.
Entre estiércol puro y vivo de vacas, trae a la vida un alma color de olivo vieja ya y encallecida.
Empieza a vivir, y empieza a morir de punta a punta levantando la corteza de su madre con la yunta.
Empieza a sentir, y siente la vida como una guerra, y a dar fatigosamente en los huesos de la tierra.
Contar sus años no sabe, y ya sabe que el sudor es una corona grave de sal para el labrador.
Trabaja, y mientras trabaja masculinamente serio, se unge de lluvia y se alhaja de carne de cementerio.
A fuerza de golpes, fuerte, y a fuerza de sol, bruñido, con una ambición de muerte despedaza un pan reñido.
Cada nuevo día es más raíz, menos criatura, que escucha bajo sus pies la voz de la sepultura.
Y como raíz se hunde en la tierra lentamente para que la tierra inunde de paz y panes su frente.
Me duele este niño hambriento como una grandiosa espina, y su vivir ceniciento revuelve mi alma de encina.
Lo veo arar los rastrojos, y devorar un mendrugo, y declarar con los ojos que por qué es carne de yugo.
Me da su arado en el pecho, y su vida en la garganta, y sufro viendo el barbecho tan grande bajo su planta.
¿Quién salvará a este chiquillo menor que un grano de avena? ¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena?
Que salga del corazón de los hombres jornaleros, que antes de ser hombres son y han sido niños yunteros
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Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, decidme en el alma: ¿quién, quién levantó los olivos?
No los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, sino la tierra callada, el trabajo y el sudor.
Unidos al agua pura y a los planetas unidos, los tres dieron la hermosura de los troncos retorcidos.
Levántate, olivo cano, dijeron al pie del viento. Y el olivo alzó una mano poderosa de cimiento.
Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, decidme en el alma: ¿quién amamantó los olivos?
Vuestra sangre, vuestra vida, no la del explotador que se enriqueció en la herida generosa del sudor.
No la del terrateniente que os sepultó en la pobreza, que os pisoteó la frente, que os redujo la cabeza.
Árboles que vuestro afán consagró al centro del día eran principio de un pan que sólo el otro comía.
¡Cuántos siglos de aceituna, los pies y las manos presos, sol a sol y luna a luna, pesan sobre vuestros huesos!
Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, pregunta mi alma: ¿de quién, de quién son estos olivos?
Jaén, levántate brava sobre tus piedras lunares, no vayas a ser esclava con todos tus olivares.
Dentro de la claridad del aceite y sus aromas, indican tu libertad la libertad de tus lomas.>
Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo, van por la tenebrosa vía de los juzgados: buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen, lo absorben, se lo tragan.
No se ve, no se escucha la pena de metal, el sollozo del hierro que atropellan y escupen: el llanto de la espada puesta sobre los jueces de cemento fangoso.
Allí, bajo la cárcel, la fábrica del llanto, el telar de la lágrima que no ha de ser estéril, el casco de los odios y de las esperanzas, fabrican, tejen, hunden.
Cuando están las perdices más roncas y acopladas, y el azul amoroso de las fuerzas expansivas, un hombre hace memoria de la luz, de la tierra, húmedamente negro.
Se da contra las piedras la libertad, el día, el paso galopante de un hombre, la cabeza, la boca con espuma, con decisión de espuma, la libertad, un hombre.
Un hombre que cosecha y arroja todo el viento desde su corazón donde crece un plumaje: un hombre que es el mismo dentro de cada frío, de cada calabozo.
Un hombre que ha soñado con las aguas del mar, y destroza sus alas como un rayo amarrado, y estremece las rejas, y se clava los dientes en los dientes del trueno.
II Aquí no se pelea por un buey desmayado, sino por un caballo que ve pudrir sus crines, y siente sus galopes debajo de los cascos pudrirse airadamente.
Limpiad el salivazo que lleva en la mejilla, y desencadenad el corazón del mundo, y detened las fauces de las voraces cárceles donde el sol retrocede.
La libertad se pudre desplumada en la lengua de quienes son sus siervos más que sus poseedores. Romped esas cadenas, y las otras que escucho detrás de esos esclavos.
Esos que sólo buscan abandonar su cárcel, su rincón, su cadena, no la de los demás. Y en cuanto lo consiguen, descienden pluma a pluma, en mohecen, se arrastran.
Son los encadenados por siempre desde siempre. Ser libre es una cosa que sólo un hombre sabe: sólo el hombre que advierto dentro de esa mazmorra como si yo estuviera.
Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero. Ata duro a ese hombre: no le atarás el alma. Son muchas llaves, muchos cerrojos, injusticias: no le atarás el alma.
Cadenas, sí: cadenas de sangre necesita. Hierros venenosos, cálidos, sanguíneos eslabones, nudos que no rechacen a los nudos siguientes humanamente atados.
Un hombre aguarda dentro de un pozo sin remedio, tenso, conmocionado, con la oreja aplicada. Porque un pueblo ha gritado ¡libertad!, vuela el cielo. Y las cárceles vuelan.
Miguel esta en la carcel deseperado por recibir correspondencia de su esposa y le escribe esta sencilla carta de amor desde la carcel
Carta a Josefina Manresa
Miguel Hernández Madrid, 12 de septiembre de 1939.
Mi querida Josefina:
Esta semana, como las anteriores, llega martes y no ha llegado tu carta. También empiezo a escribir ésta para que me dé tiempo a echarla después, cuando el correo me traiga la tuya, que no creo que falte hoy. Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme. Prefiero lo primero y así no hago más que eso, además de lavar y coser con muchísima seriedad y soltura, como si en toda mi vida no hubiera hecho otra cosa. También paso mis buenos ratos espulgándome, que familia menuda no me falta nunca, y a veces la crío robusta y grande como el garbanzo.
Todo se acabará a fuerza de uña y paciencia, o ellos, los piojos, acabarán conmigo. Pero son demasiada poca cosa para mí, tan valiente como siempre, y aunque fueran como elefantes esos bichos que quieren llevarse mi sangre, los haría desaparecer del mapa de mi cuerpo. ¡Pobre cuerpo! Entre sarna, piojos, chinches y toda clase de animales, sin libertad, sin ti, Josefina, y sin ti, Manolillo de mi alma, no sabe a ratos qué postura tomar, y al fin toma la de la esperanza que no se pierde nunca. Así veo pasar un día y otro día, esperanzado y deseoso de correr a vuestro lado y meterme en nuestra casa y no saber en mucho tiempo nada del mundo, porque el mundo mejor está entre tus brazos y los de nuestro hijo.
Aún es posible que vaya para el día de mi santo, guapa y paciente Josefina. Aunque yo, la verdad, creo que estos amigos míos llevan las cosas muy despacio. Han estado de vacaciones fuera de Madrid y han regresado esta semana pasada. No han podido venir a verme porque ahora es imposible para todo el mundo. Es casi seguro que los veré la semana que viene. Me decías en tu anterior que guardara la ropa cuanto pudiera. No te preocupes, que si no tengo ropa cuando salga, con ponerme una mano en el occipucio y otra en el precipicio, arreglado. Así y todo procuro conservarla y uso la más vieja y todo son cosidos y descosidos y ventanas por todas partes. El pijama se me ha roto y le he puesto un remiendo que es media camisa, porque se me veía toda la parte de atrás y era una verdadera vergüenza. Por lo que a mí me pasa, me figuro lo que os pasará a vosotros y como esto siga así, me veo contigo como Adán y Eva en el Paraíso.
¡Ay, Josefina mía! No nos queda otro remedio que aguantar todo lo malo que nos viene y nos puede venir, para el día que nos toque aguantar lo bueno. ¿Verdad que llegará ese día? Yo nunca he dudado de que llegará y de que seremos más felices que hasta aquí hemos sido. Esta separación nos obliga a respetar a nuestro Manolillo más que respetamos al otro. Manolillo del que no dejo de acordarme nunca. Dentro de un mes hará un año que se nos murió. Eso de que el tiempo pasa de prisa, para nadie es más verdad hoy como para nosotros y a mí me cuesta trabajo creer que ha pasado un año desde que cerró nuestro primer hijo los ojos más hermosos de la tierra.
Dios, a quien tú tanto rezas, hará que el día diecinueve de octubre lo pasemos juntos, si no hace que lo pasemos el día ventinueve de este mes. No quisiera pasar, ese día lejos de ti. Iremos a dar una vuelta al campo y si tú eres decidida, visitaremos la tierra donde nos espera. Tengo ganas de hablar contigo. La otra noche soñé a Manolillo ya con cinco o seis años de edad. Cuídalo mucho, Josefina que crezca fuerte y defendido contra toda enfermedad. Cuando te sea posible come mucha fruta y mucho vegetal, principalmente patatas. Es lo que más conviene a tu salud y a la de nuestro sinvergüencilla.
No me dices muchas cosas suyas. Supongo que ya hablará más que un loro. Si supieras que ganas tengo de oír su voz: se me ríen los huesos sólo de imaginarla, con que mira lo que me voy a reír el día que la oiga de verdad. Dime el peso que tiene, que no lo has pesado hace mucho tiempo. Estoy enfadado con Manolo y con las Marianas, a ninguno de los cuatro se les ocurre escribirme unas letras. No se acuerdan de mí, que no los olvido. Dime también algo de la abuela y la tía, que tampoco me han mandado una sola letra (...).
Bueno. Voy a dejar el lápiz y a esperar tu carta, a ver qué me trae de bueno. Nada. Hoy no recibo carta tuya. No me gusta que te retrases en escribirme. Vaya plantón que me he llevado al pie del que vocea el correo. No hay derecho. Espero que me digas algo de nuestra familia de Orihuela, de mi madre especialmente y de la de Pepito. Anteayer he recibido una carta de un amigo de la huerta, Trinitario Ferrer, muy amigo de mi hermano y me dice que se ve con él todos los días. Di a Vicente que le diga que por ahora no puedo contestarle, pero que me alegra mucho saber de él. Voy a terminar mi carta diciéndote que seas menos perezosa conmigo o de lo contrario no te voy a escribir en un mes. Y nada más porque no parezca larga ésta a la censura y porque hagan todo lo posible para que llegue a tus manos.
Manolillo: adiós, un beso ¡pum! Otro beso ¡pum! Otro, otro, otro, ¡pum, pum, pum!
Manolo: escribe, dejando a un lado por un rato las barbas y las perezas.
Marianas: a ser buenas y a pelearos una vez a la semana solamente.
Josefina: recibe para ti y para nuestro hijo y para nuestros hijos mayores el cariño encerrado y empiojado y ... perdido de tu preso
Miguel
¡Adiós!
Por los campos luchados se extienden los heridos. Y de aquella extensión de cuerpos luchadores salta un trigal de chorros calientes, extendidos en roncos surtidores. La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo. Y las heridas suenan igual que caracolas, cuando hay en las heridas celeridad de vuelo, esencia de las olas.
La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega. La bodega del mar, del vino bravo, estalla allí donde el herido palpitante se anega, y florece y se halla.
Herido estoy, miradme: necesito más vidas. La que contengo es poca cosa para el gran cometido de sangre que quisiera perder por las heridas. Decid quién no fue herido.
Mi vida es una herida de juventud dichosa. ¡Ay de quién no esté herido, de quién jamás se siente herido por la vida, ni en la vida reposa herido alegremente!
Si hasta a los hospitales se va con alegría, se convierten en huertos de heridas entreabiertas, de adelfos florecidos ante la cirugía de ensangrentadas puertas.
II Para la libertad, sangro, lucho, pervivo, Para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas, y entro en los hospitales, y entro en los algodones como en las azucenas.
Para la libertad me desprendo a balazos de los que han revolcado su estatua por el lodo. Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos, de mi casa, de todo.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. Porque soy como el árbol talado, que retoño: porque aún tengo la vida.
EL SOL, LA ROSA Y EL NIÑO
El sol, la rosa y el niño flores de un día nacieron.
Los de cada día son soles, flores, niños nuevos.
Mañana no seré yo: otro será el verdadero. Y no seré más allá de quien quiera su recuerdo.
Flor de un día es lo más grande al pie de lo más pequeño.
Flor de la luz relámpago, y flor del instante el tiempo.
Entre las flores te fuiste.
Entre las flores me quedo.
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MENOS TU VIENTRE
Menos tu vientre todo es confuso.
Menos tu vientre todo es futuro fugaz, pasado baldío, turbio.
Menos tu vientre todo es oculto, menos tu vientre todo inseguro, todo es postrero polvo del mundo.
Menos tu vientre todo es oscuro, menos tu vientre claro y profundo.
UMBRIO POR LA PENA
Umbrio por la pena, casi bruno, porque la pena tizna cuando estalla, donde yo no me hallo no se halla hombre más apenado que ninguno.
Sobre la pena duermo solo y uno, pena es mi paz y pena mi batalla, perro que ni me deja ni se alla, siempre a su dueño fiel, pero importuno.
Cardos y penas llevo por corona, cardos y penas siembran sus leopardos y no me dejan bueno hueso alguno.
No podrá con la pena mi persona rodeada de penas y de cardos: ¡cuánto penar para morirse uno!
Boca que arrastra mi boca. Boca que me has arrastrado: boca que vienes de lejos a iluminarme de rayos. Alba que das a mis noches un resplandor rojo y blanco. Boca poblada de bocas: pájaro lleno de pájaros. Canción que vuelve las alas hacia arriba y hacia abajo. Muerte reducida a besos, a sed de morir despacio, das a la grama sangrante dos tremendos aletazos. El labio de arriba el cielo y la tierra el otro labio.
Beso que rueda en la sombra: beso que viene rodando desde el primer cementerio hasta los últimos astros. Astros que tiene tu boca enmudecido y cerrado, hasta que un roce celeste hace que vibren sus párpados.
Beso que va a un porvenir de muchachas y muchachos, que no dejarán desiertos ni las calles ni los campos. ¡ Cuánta boca ya enterrada, sin boca, desenterramos!
Bebo en tu boca por ellos, brindo en tu boca por tantos que cayeron sobre el vino de los amorosos vasos. Hoy son recuerdos, recuerdos, besos distantes y amargos.
Hundo en tu boca mi vida, oigo rumores de espacios, y el infinito parece que sobre mí se ha volcado.
He de volver a besarte, he de volver. Hundo, caigo mientras descienden los siglos hacia los hondos barrancos como una febril nevada de besos y enamorados.
Boca que desenterraste el amanecer más claro con tu lengua. Tres palabras, tres fuegos has heredado: Vida, Muerte, Amor. Ahí quedan escritos sobre tus labios.
Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón y me aventan la garganta. Los bueyes doblan la frente, impotentemente mansa, delante de los castigos: los leones la levantan y al mismo tiempo castigan con su clamorosa zarpa.
No soy un de pueblo de bueyes, que soy de un pueblo que embargan yacimientos de leones, desfiladeros de águilas y cordilleras de toros con el orgullo en el asta. Nunca medraron los bueyes en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo sobre el cuello de esta raza? ¿Quién ha puesto al huracán jamás ni yugos ni trabas, ni quién al rayo detuvo prisionero en una jaula?
Asturianos de braveza, vascos de piedra blindada, valencianos de alegría y castellanos de alma, labrados como la tierra y airosos como las alas; andaluces de relámpagos, nacidos entre guitarras y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas; extremeños de centeno, gallegos de lluvia y calma, catalanes de firmeza, aragoneses de casta, murcianos de dinamita frutalmente propagada, leoneses, navarros, dueños del hambre, el sudor y el hacha, reyes de la minería, señores de la labranza, hombres que entre las raíces, como raíces gallardas, vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada: yugos os quieren poner gentes de la hierba mala, yugos que habéis de dejar rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes está despuntando el alba.
Los bueyes mueren vestidos de humildad y olor de cuadra; las águilas, los leones y los toros de arrogancia, y detrás de ellos, el cielo ni se enturbia ni se acaba. La agonía de los bueyes tiene pequeña la cara, la del animal varón toda la creación agranda.
Si me muero, que me muera con la cabeza muy alta. Muerto y veinte veces muerto, la boca contra la grama, tendré apretados los dientes y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte, que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles y en medio de las batallas.
RAMON SIJE
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ELEGÍA A LA MUERTE DE RAMON SIJÉ (En Orihuela, su pueblo y el mío se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería)
Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin instrumentos, a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler, me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión mas grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida. Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes, sedientas de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte.
Y volverás a mi huerto y a mi higuera por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas y tu sangre se irá a cada lado disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas de almendro de natas te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas compañero del alma, compañero.
NANAS DE LA CEBOLLA
La cebolla es escarcha cerrada y pobre: escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla: hielo negro y escarcha grande y redonda. En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre, escarchada de azúcar, cebolla y hambre.
Una mujer morena, resuelta en luna, se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ríete, niño, que te traigo la luna cuando es preciso.
Alondra de mi casa, ríete mucho. Es tu risa en los ojos la luz del mundo. Ríete tanto que en el alma al oírte, bata el espacio.
Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea.
Es tu risa la espada más victoriosa. Vencedor de las flores y las alondras. Rival del sol. Porvenir de mis huesos y de mi amor.
La carne aleteante, súbito el párpado, el vivir como nunca coloreado. ¡Cuánto jilguero se remonta, aletea, desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño. Nunca despiertes. Triste llevo la boca. Ríete siempre. Siempre en la cuna, defendiendo la risa pluma por pluma.
Ser de vuelo tan alto, tan extendido, que tu carne es el cielo recién nacido. ¡Si yo pudiera, remontarme al origen de tu carrera!
Al octavo mes ríes con cinco azahares. Con cinco diminutas ferocidades. Con cinco dientes como cinco jazmines adolescentes.
Frontera de los besos serán mañana, cuando en la dentadura sientas un arma. Sientas un fuego correr dientes abajo buscando el centro.
Vuela niño en la doble luna del pecho. Él, triste de cebolla. Tú, satisfecho. No te derrumbes. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre
VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN
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A MI GRAN JOSEFINA ADORADA
Tus cartas son un vino que me trastorna y son el único alimento para mi corazón.
Desde que estoy ausente no sé sino soñar, igual que el mar tu cuerpo, amargo igual que el mar.
Tus cartas apaciento metido en un rincón y por redil y hierba les doy mi corazón.
Aunque bajo la tierra, mi amante cuerpo esté, escribeme, paloma, que yo te escribiré.
Cuando me falte sangre con zumo de clavel, y encima de mis huesos de amor cuando papel.
Yo no quiero más luz que tu cuerpoYo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío: claridad absoluta, transparencia redonda. Limpidez cuya entraña, como el fondo del río, con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda. ¿Qué lucientes materias duraderas te han hecho, corazón de alborada, carnación matutina ? Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho. Tu sangre es la mañana que jamás se termina.
No hay más luz que tu cuerpo, no hay más sol: todo ocaso. Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente. La otra luz es fantasma, nada más, de tu paso. Tu insondable mirada nunca gira al poniente.
Claridad sin posible declinar. Suma esencia del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre. Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia. Acercando los astros más lejanos de lumbre.
Claro cuerpo moreno de calor fecundante. Hierba negra el origen; hierba negra las sienes. Trago negro los ojos, la mirada distante. Día azul. Noche clara. Sombra clara que vienes.
Yo no quiero más luz que tu sombra dorada donde brotan anillos de una hierba sombría. En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada, para siempre es de noche: para siempre es de día.
CANCIÓN ÚLTIMA
Pintada, no vacía pintada está mi casa del color de las grandes pasiones y desgracias.
Regresará del llanto adonde fue llevada con su desierta mesa, con su ruinosa cama.
Florecerán los besos sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos elevará la sábana su intensa enredadera nocturna, perfumada.
El odio se amortigua detrás de la ventana.
Dejadme la esperanza.
Dibujo a lapiz de Antonio Buero Vallejo Dibujo a lapiz de Antonio Buero Vallejo con el que compartiria prision y amistad, el dibujo hecho poco antes de su muerte refleja su mirada limpia franca
Sus ultimas palabras fueron:. Adiós, hermanos, camaradas y amigos Despedidme del sol y de los trigos
Nos vemos 24 de Marzo en Oorihuela
con las cámaras delante de rostros políticos
y después nos veremos en los caminos
donde Albatera nos acoge con música
y a la Universidad de Elche
llegamos el Sábado 25
para seguir ruta al cementeriuo de Alicante
donde el poeta
se levanta después del polvo
a leer su homenaje al hombre que ya no está,
sino en la boca del circo
en la arena de sangre,
y en la memoria amiga más se le quiere.
Saludos
Chema Rubio